SEMANA SANTA 2020

Nos disponemos a celebrar el DOMINGO de RAMOS con una propuesta para vivir en Familia

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            SEMANA SANTA 2020      

En término generales nuestras Semanas Santas suelen llevar la nota propia de los “signos de una celebración”. Hemos de recordar que el la Semana Santa es un tiempo de hacer “MEMORIA” es decir, la memoria litúrgica o celebrativa es más que la repetición de unos ritos; es una REALIDAD; a la cual apuntan todos los SIGNOS.

Una advertencia: aquel viejo proverbio: “cuando el dedo apunta a la Luna el tonto mira el dedo”.

O sea no es que no va a haber Semana Santa porque no podamos realizar los ritos celebratorios, o en un lenguaje conocido las “funciones celebratorias” lo que ocurre en Semana Santa y también ahora, es una REALIDAD que está en el trasfondo, en lo profundo, en lo trascedente al signo; seguimos el SIGNO y su hondura, el signo y su reserva de sentido.

S. Tomás de Aquino nos recuerda que lo propio del signo SACRAMENTAL es llevar a la REALIDAD  no es terminar en el signo sino en la realidad sagrada[1]. Por eso es necesario profundizar los signos de los SACRAMENTOS, como de los SACRAMENTALES a fin de asegurarnos de entender bien la propuesta que la LITURGIA NO HACE; y por el impulso de la “inteligencia que busca comprender” y de la “Fe que busca manifestarse” podamos vivir los DIVERSOS, RICOS, PROFUNDOS y eficaces SIGNOS de la SEMANA SANTA.

Más aún ahora que tenemos tiempo y que en familia podemos vivirlo a fondo, develando y asumiendo el sentido último para ir de lo sensible a lo profundo, de lo superficial a lo esencial; de lo aparente a la SALVACIÓN.

Por eso los invito a desandar con más pasión que nunca los signos de la fe que nos propone la SEMANA SANTA. Les iré acercando algunas notas y sugerencias para ello.

DOMINGO de RAMOS                                                                                                               

La Liturgia propone: Proclamación del Evangelio de  Mt 21,1-11 para la conocida Bendición de los Ramos. Trataremos de seguir lo que pasa en el corazón de Jesús –centro, fundamento y fin de la Fe- y lo que hace eco en los que lo rodean y en nosotros, su Iglesia.

El texto comienza diciendo que Jesús va a Jerusalén y llegaron a Betfagé; aquí se insertan una cita de Is 62,11 “digan al hija de Sión, es decir a Jerusalén; y el oráculo de Zac 9,9, anunciaba al hijo de David como un Mesías humilde.

Vale la pena recordar que la peregrinación a Jerusalén, en el contexto de la pascua judía, tiene para Jesús, en lo más profundo de su “corazón”[2] una connotación absolutamente dramática, va a Jerusalén para ser traicionado, padecer la mentira, la injusticia y la muerte –lo intuye y lo va corroborando- por eso “endureció el rostro como el pedernal” –Is 50,7; Lc 9,51) Todo lo que sigue tiene el tono de un corazón impregnado de la incomprensión y de su destino asumido POR NOSOTROS, confirmando una existencia de Jesús siempre en “pro” de los demás. Así, acompañar a Jesús sinceramente no ha de ser una cuestión de meras funciones para observar; será necesario entrar en los proyectos del Señor, en su claridad de opción por la vida, dignidad y libertad de la humanidad para sintonizar mejor los pasos de su ENTREGA. Será así la verdadera PASCUA de la muerte a la vida, de la esclavitud a la libertad de hijos de Dios.

Les propongo repasar los signos del Domingo de Ramos, compartirlos en familia, confeccionar según lo compartido nuestros propios signos que expresen la espiritualidad de la Iglesia doméstica: la familia, el hogar; el Templo más lindo donde le gusta habitar al Señor.

  1. Se peregrina para celebrar la Pascua: conmemora la liberación de Egipto; se toma conciencia que no estamos hechos para ser esclavizados por ninguna realidad, estructura o poder; se asume que para ello hemos de salir urgente de esa situación con la ayuda de Dios.

Se sabe que deberemos atravesar la aridez, soledad del desierto y pero que el Señor sellará con su Pueblo una Alianza de amor para siempre.

Todo eso estaba en el corazón de Jesús, que sin alarde, sin nada excepcional aparente, participa de las peregrinaciones de su Pueblo y asume ese destino como un judío más.

Lleva en su corazón la profunda certeza de que Él hará todo para que así sea. Para Jesús la pascua no es un rito en Jerusalén, es la metáfora de su vida –y será de su muerte salvadora-; no vale para el creyente ser solo un espectador de un escenario, también para nosotros es metáfora de nuestra ENTREGA LIBERADORA siguiendo a JESÚS y con Jesús, con su Pueblo; de ahí que es una celebración comunitaria –ni siquiera solo familiar o profundamente sentida individualmente-

  • Entra en un burro, en un asno: es contrapuesto a los carros y arcos de guerra, y también al caballo, que es un animal de combate. Por tanto, ir montado en un asno y no en un caballo es un signo de MANSEDUMBRE y HUMILDAD. En la cita de cumplimiento aparece además el adjetivo “praus” (humilde, paciente, no violento), el mismo que emplea Mt en las bienaventuranzas 5,5 y en 11,29
  • La multitud lo seguía y gritaba: Hosana al Hijo de David…..significa SALVA YA luego será solo una palabra de aclamación (Salmo 118,25-26, salve o bendito, se usaba en la celebraciones litúrgicas, dice en las alturas: referencia a Dios; de algún modo: el bendito es de la tribu de David y el que Dios quiere enviar).

“Toda la ciudad se conmovió”: El entusiasmo mesiánico de la multitud explica la conmoción de la ciudad ante aquella inesperada manifestación. Pero en Jerusalén no aclaman a Jesús como Mesías, sino que lo presentan como el profeta de Nazaret en Galilea (v. 11); con toda la connotación lejana, marginal e insignificante que eso implica.

  • La mayor parte de la gente –no todos- comenzó a extender sus manos sobre el camino, y otros cortaban ramas de los árboles y lo cubrían con ellas.
  • MANTO: era el signo de la identidad del judío, resumía su vida. Lo cubría, lo protegía, servía para echarse sobre él y dormir, arropaba. Era significativamente vital, expresaba lo que la persona era. Era su dignidad.
  • RAMAS DE LOS ÁRBOLES: podrían ser palmeras. Hojas verdes se cortaban en una región desértica, no se sacrifica algo así sino es por un bien mayor. El entusiasmo, casi festivo, se expresa con la exuberancia de la celebración y la alegría, no mide lo ofrecido. Es verde. Visible. Vida

De aquí que es importante reconocer que los “ramos del domingo de ramos” más que algo para llevar es una realidad para ofrecer al Señor-no solo para poner detrás de una puerta-. Si unimos los dos signos podemos decir que:

Aquella multitud que manifiesta el Pueblo de Dios, venidos de tan lejos, para someterse a los ritos del Templo; saludan a quién intuyen como un Profeta poderoso en palabra y en obras; depositando en él todo los que son (manto) y lo que tienen; lo saludan con exuberancia de gestos y alegría desbordante.

  • Dice el texto que “cuando entró en Jerusalén toda la ciudad de conmocionó y se preguntaba ¿quién es éste? –recordemos que la primera oración de la misa del primer domingo de cuaresma tenía ese objetivo: conocer mejor el misterio de Cristo y configurar nuestra vida con Él.

La entrada irónica, cargada de significación, la alegría del pueblo y el rendirse a sus pies fue acto profundamente humano, contagiosamente social como lo son las manifestaciones populares, pero a la vez peligrosamente político; manifestaba la necesidad del Pueblo de poner la esperanza en Alguien que los liberara como en aquella pascua de Egipto de la esclavitud que el pueblo vivía, de la vida infrahumana que llevaban en las lejas comarcas y en los servicios de los poderes políticos –Imperio- y religioso –Sacerdotes saduceos- en el Templo, padeciendo los innumerables impuestos vejatorios de la dignidad, que no les permitía vivir como personas.

Máxima gesto político, en profunda humildad social y en misteriosa elocuencia teológica.

No fue un gesto inocente de parte de Jesús; no fue un rito inocuo, no fue un escenario efímero. Fue la confirmación de lo que Jesús preguntó: “qué dice la gente, quién soy yo”. Por eso seguirá adelante, hacia la verdadera Pascua. Hacía la pasión, muerte y resurrección. Mostrando cuál es el camino de Dios.

Fue el comienzo del Fin no solo de la Vida de Jesús entregada. Sino el Fin de los poderes de este mundo que quedarán sin armas en el camino, el mensaje, el testimonio y la Cruz de la cruz. Sabiduría de Dios que sana la humanidad.

Por eso, el DOMINGO DE RAMOS celebramos al Dios de la vida que sana, rescata y salva. Lo saludamos con lo mejor de nosotros mismos.

Pondremos ante él nuestros mantos (identidad, lo que soy y lo que tengo); nuestros ramos (nuestra vitalidad y nuestros frutos): nuestras Personas, nuestras familias, nuestros afectos, nuestros bienes, nuestra cultura, nuestra educación, nuestros amigos, nuestros contactos, nuestras redes, nuestra vida personal y familiar, en contexto de un pueblo que camina en la historia.

SUGERENCIAS,    

Que cada miembro de la Familia elija la prenda o utensilio que más lo represente para saludar con ello a Jesús

Que cada miembro de la Familia tenga un ramito –verdadero, dibujado, pintado, impreso- que signifique toda nuestra fuerza vital.

Que la Familia elija un “manto” –un algo que los represente como familia, que la comunidad eclesial doméstica de origen, de camino y de fin, de proyectos, de objetivos comunes- y unan sus ramos. Estos serán los signos de lo que somos, de lo que tenemos, de lo que queremos ser y de hacia dónde vamos. Esto hay que conversarlo mucho en familia para que sea un gesto y un signo al unísono, consensuado y vivido por todos.

Podemos armar un ALTAR del HOGAR. Allí iremos poniendo los signos de esta SEMANA SANTA tan particular. Ese será nuestro punto de partida para la Nueva Humanidad, los nuevos cielos y la nueva tierra. LA NUEVA ALIANZA  que estamos dispuestos a sellar con el Señor.

Señor el Altar de nuestra familia uniéndonos a Jesucristo Alfa y Omega. El Altar del nuevo comienzo en la Fe

Depositaremos el Domingo los RAMOS y una Cruz, signo de la Pasión de Jesús.

Congregados aquí seguiremos las Celebraciones por T.V., Radio o Redes. Juntos en la Iglesia Doméstica


[1] S. Teológica III Pars  60 cuestión

a.2 Respondo: Los signos son connaturales al hombre, porque es propio del hombre llegar a lo desconocido a través de las cosas conocidas. Y por eso se llama propiamente sacramento a lo que es signo de una realidad sagrada destinada a los hombres. O sea que, en el sentido en que aquí lo hemos tomado, propiamente se llama sacramento lo que es signo de una realidad sagrada que santifica a los hombres.

a.3 Respondo: Como se ha dicho ya (a.2), el sacramento propiamente hablando se ordena a significar nuestra santificación, en la que pueden ser considerados tres aspectos:

* la causa de nuestra santificación, que es la pasión de Cristo;

* la forma de nuestra santificación, que consiste en la gracia y las virtudes;

* y el fin último de nuestra santificación, que es la vida eterna.

Pues bien, todas estas cosas están significadas en los sacramentos. Por tanto, el sacramento es

  • signo conmemorativo del pasado, o sea, de la pasión de Cristo
  • es signo manifestativo del efecto producido en nosotros por la pasión de Cristo, que es la gracia; y

es signo profético, o sea, preanunciativo de la gloria futura.

[2] –es decir, en el sentido bíblico, en el núcleo de su personalidad, no en el órgano o en los sentimientos, sino donde se gesta la vitalidad, el sentido, el significado, las opciones, los núcleos pasionales, los discernimientos más profundos; el TALANTE único de cada individuo, abonado por su historia personal, su cultura, su vida-

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