Décimo informe de la D.S.I. en el mundo

“Islam”.

El décimo Informe del Observatorio Cardenal Van Thuân dedicado al Islam político (ver aquí) «abre una nueva pista», es decir, no sólo se pregunta sobre la realidad del Islam político, sino que también analiza su «compatibilidad o incompatibilidad con los principios de la Doctrina social de la Iglesia». Así escribe mons. Giampaolo Crepaldi[1], en razón de la poca atención que los medios de comunicación y el mundo político y cultural prestan al impacto social que el islam tiene en ámbito europeo. A este respecto, dos parecen ser sólo las preocupaciones de los europeos, según Crepaldi. En lo que concierne a las instituciones políticas, la idea es arrinconar el problema únicamente con el «principio de tolerancia». En lo que respecta a la Iglesia católica, la única preocupación tiene que ver con la urgencia de iniciar el «diálogo interreligioso». Ambos ámbitos -civil y religioso-, parecen basar cualquier iniciativa futura respecto a los inmigrantes y los ciudadanos musulmanes en el «principio de la libertad religiosa».

Calcularlo todo en base a la libertad religiosa es, sin embargo, «insuficiente» -sostiene el arzobispo-, porque «así no se afronta el problema de la verdad de las religiones y el de las especiales características de la religión islámica». Precisamente con motivo de la naturaleza teológica del islam, por ejemplo, no nos podemos limitar a la cuestión de la simple tolerancia, porque por parte del islam no puede haber un intercambio, hasta el punto que «un cierto fundamentalismo es inseparable» de  la religión de Mahoma.

La “Gran Sustitución”

Tampoco hay que subestimar -siempre según Crepaldi-, las presiones de los nuevos partidos de matriz islámica, que desean introducir en las legislaciones europeas elementos «del derecho islámico (fiqh) y de la ley islámica (sharia)». A este aspecto del Islam político se añaden otros: la lejanía del sistema islámico respecto a la laicidad, un sistema social basado en la sumisión al Dios del Corán, la unidad y superioridad de la comunidad islámica (Umma). Por no hablar de las convicciones especiales sobre la mujer y la familia, muy distantes de la perspectiva occidental. La Doctrina social de la Iglesia y el islam, por lo tanto, están en posiciones distintas, pero no solo: la Doctrina social tiene una visión muy diferente también del modernismo neoilustrado que rige la casi totalidad de las instituciones progresistas europeas.

El cuadro, entonces, nos muestra toda la debilidad del sistema europeo respecto a un islam agresivo, si no por medio de los atentados -obra de una minoría-, sí al menos en ámbito cultural, dado que los musulmanes están dispuestos a integrarse a su modo, intentando exportar sus principios religiosos a la política y la sociedad. Por este motivo, Giulio Meotti[2] habla de un programa de hegemonía social evidente por parte del mundo musulmán francés. Y cita, por este motivo, al arzobispo de Estrasburgo mons. Luc Ravel, según el cual está en marcha una «Gran Sustitución»[3], resultado del bajo índice de natalidad de los franceses respecto al de los musulmanes. En resumen, según Meotti, está en marcha «la islamización “pacífica” de Europa a través de las mezquitas, el proselitismo, la demografía, el multiculturalismo y la sustitución».

En realidad, ya se hablaba de ello en 1990, cuando el islámologo Bernard Lewis dijo que «la “corrección política” y el “multiculturalismo” eran una mezcla letal para Occidente» y anunciaba «la tercera invasión islámica de Europa», que tendría «mayor éxito que la primera y la segunda». Sea como sea, para Meotti es un hecho que «en 1970 las mezquitas en Francia eran un centenar; hoy son más de 2.450», con un «ritmo de casi dos nuevas mezquitas por semana desde hace diez años hasta ahora».

Occidente “desintegrado”

Stefano Fontana[4] considera que la situación actual es inestable debido a dos fuerzas opuestas, del todo asimétricas. Por una parte, está Europa, «complaciente y sin pretensiones», y por la otra la comunidad islámica, «convencida y decidida». Por lo tanto, hay un desequilibrio. La debilidad occidental es debida también al hecho de que Europa -observa Fontana- «se niega a conocer el islam». O mejor, «lo re-conoce», es decir, «lo acepta y lo convalida sin conocerlo por lo que es». Sobra cada cuestión desciende el silencio: poligamia, derecho paralelo de la sharia, condición de la mujer en el islam. Hay sólo un vago sueño difundido, según el cual existiría un «islam moderado» de tipo europeo. Pero, escribe Fontana, «ni en el texto del Corán» y ni tan siquiera «en las palabras y en los actos de Mahoma» hay sitio para un islam de este tipo.

Se llega, por lo tanto, a una pretensión absurda: Occidente llama «integración» a la imposición a los musulmanes de «una incoherencia respecto a los principios de su religión». Todo está basado en algunos malentendidos. Según la corriente dominante occidental, la cuestión de la migración se resolverá desde el principio de la libertad religiosa, la tolerancia y el convencimiento de que todas las religiones monoteístas son, en el fondo, iguales. Tampoco la Iglesia es ajena a esta lógica -explica Fontana-, cuando no va más allá de la propuesta del diálogo interreligioso y la sociedad multicultural. La realidad es distinta: «Occidente no puede integrar al islam porque Occidente mismo está desintegrado» y «porque no quiere mirar al islam por lo que realmente es».

Silvio Brachetta

[1] G. Crepaldi, “L’Islam politico e il nuovo compito della Dottrina sociale della Chiesa”, Presentazione del Decimo Rapporto sulla Dottrina sociale della Chiesa nel Mondo, Islam: un problema politico, Cantagalli, 2018. pp. 9-20. Mons. Crepaldi es Presidente del Observatorio Cardenal Van Thuân sobre la Doctrina Social de la Iglesia, Arzobispo-obispo de Trieste, Presidente de la Comisión Caritas in veritate del CCEE, Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa.

[2] G. Meotti, “Demografia e proselitismo: l’islamizzazione “pacifica” dell’Europa”, Il Problema dell’anno, in Decimo Rapporto, cit. pp. 187-195. Meotti es periodista y escritor.

[3] L’archeveque de Strasbourg evoque “le Grand Remplacement”, Valeurs Actuelles, 3 de julio de 2017. Nota de Meotti.

[4] S. Fontana, “Islam: un problema politico”, Sintesi introduttiva del Decimo Rapporto, cit. pp. 15-20. Fontana es el Director del Observatorio Cardenal Van Thuân sobre Doctrina Social de la Iglesia, Trieste (Italia).

Islam: problema político

Entrevista al arzobispo Giampaolo Crepaldi

en relación al X Informe sobre la Doctrina social de la Iglesia

Acaba de salir publicado por la editorial Cantagalli el décimo Informe sobre la Doctrina social de la Iglesia en el mundo, del Observatorio Cardenal Van Thuân. Este año el informe está dedicado a un tema candente: “El islam, problema político”, que es además, su título. Le hemos planteado algunas preguntas al presidente del Observatorio, el obispo de Trieste  mons. Giampaolo Crepaldi.

Excelencia, ¿por qué este tema?

Los temas centrales de nuestros Informes nacen de un análisis de las principales dinámicas en marcha, no nos los inventamos nosotros, sino que los vemos en la realidad. Y en mi opinión, es indudable que una valoración política del islam, sobre todo en Europa, pero no solo, es una cuestión claramente emergente y que todos podemos ver, aunque no siempre se habla adecuadamente de ello.

¿No temen molestar a alguien?

Ciertamente, es un tema controvertido y muy delicado. En los anteriores Informes hemos abordado las inmigraciones y Europa, evitando también entonces planteamientos políticamente correctos; lo mismo hemos hecho este año, ateniéndonos a nuestro trabajo sin miedo.

La Iglesia católica propone acogida y diálogo con el islam, apoya la construcción de mezquitas y sostiene que es una religión de paz. Ustedes en cambio lo consideran un problema político. ¿Hay un contraste?

En nuestro Informe hemos llevado a cabo un trabajo que normalmente nadie hace: valorar el islam a la luz de los principios de organización de la comunidad social y política de la Doctrina social de la Iglesia. Una cosa es el diálogo interreligioso y otra es considerar los contenidos de ética pública del islam. Por otra parte, esta religión es también, directa y fundamentalmente, un proyecto político. Verificar si el islam hace propuestas que son aceptables para la Doctrina social de la Iglesia es un servicio de verdad para todos; para la Iglesia porque, en el encuentro con las religiones, debe tener en cuenta también la propia Doctrina social, y para la política porque la Doctrina social expresa también principios y valores naturales.

¿Con qué enfoque han analizado el islam político?

En el Informe hay cuatro estudios detallados sobre el islam, una amplía síntesis introductoria y mi presentación. Todas estas contribuciones analizan el islam a partir del rostro de Dios según esta religión. Hay una coherencia interna en las religiones. Todo deriva de cómo se conciba a Dios, y esto vale también para el islam. Se puede decir todo, depende de cómo una religión revelada concibe la revelación.

¿Y cómo concibe a Dios el islam?

Del Informe emerge que lo concibe como voluntad y omnipotencia, no como verdad y esencia. Dios emite decretos que hay que obedecer de manera ciega y literal. Como dijo Benedicto XVI en Ratisbona en 2006, el Dios del islam está fuera de cualquier categoría, no hay una analogía con el mundo fundada sobre la verdad, sino que Dios podría también haber dado los preceptos contrarios a los que ha dado. Este planteamiento no necesita, por lo tanto, de la relación entre fe y razón presente en cambio, como algo esencial, en el catolicismo. El islam no dice: en principio era el Logos, sino la Voluntad.

Sin embargo, también el islam habla de creación por parte de Dios y por lo tanto, también el islam encuentra en la creación un orden, una ley impresa por Dios.

Ciertamente, también el islam piensa que el mundo es creación divina. Pero dicha creación ha sido un acto de voluntad desvinculado de las exigencias de verdad,  ha sido un decreto divino y no la expresión de un Logos. Los preceptos de orden moral no derivan, por lo tanto, de un orden finalistico expresado por la naturaleza creada, en el que la razón y la revelación se pueden encontrar. En otras palabras, no puede existir un derecho natural y una ley moral natural. Los preceptos morales nacen de decisiones divinas contenidas en el Corán o en la vida (palabras y gestos) de Mahoma, y piden ser ejecutados con total sumisión. El islam es una religión jurídica.

¿Qué noción de ley emerge de este análisis que hacen ustedes del islam?

La concepción islamica de la ley deriva de los puntos vistos ahora y, por último, de la visión de Dios. Es muy difícil que el islámico distinga entre la ley derivada de la voluntad de Dios y comunicada a Mahoma, es decir, la ley religiosa, y la ley establecida por la comunidad política o el Estado, o ley civil. Nuestro Informe recuerda, entre otras cosas, que desde hace tiempo, en muchos países árabes está en marcha un proceso de constitucionalización, es decir, de inclusión de la sharia, o ley islamica, en el texto de la constitución. Por otra parte, si la ley es un decreto de la voluntad divina no puede conocer, como decíamos, la mediación del derecho natural y racional que, en cambio, en la tradición cristiana ha puesto, por un lado, en relación razón y revelación y, por el otro, ha garantizado la autonomía recíproca legítima.

Muchos hablan hoy de un islam moderado y de uno radical. ¿Es una distinción válida?

Nuestro Informe considera que si miramos a los creyentes en la religión islámica, la distinción tiene sentido. Hay creyentes más abiertos y disponibles, y otros menos. Pero si nos centramos en la coherencia interna de la religión islámica partiendo de la visión de Dios, dicha distinción se debilita. No nos olvidemos que los decretos divinos, es decir, la ley islámica, constituyen la umma, la comunidad musulmana que tienen carácter de exclusividad absoluta y de conquista. El derecho islámico incluye la distinción musulmán / no musulmán como categorías antropológicas, y la umma tiene carácter universal, es decir, debe difundirse, también por conquista, en todo el mundo. Si se considera estos aspectos, la distinción que usted señala puede existir en situaciones contingentes, pero no corresponde a la esencia del islam.

A veces los católicos piensan que los musulmanes pueden converger con ellos en la defensa de la vida y de la familia, en oposición a leyes y políticas contrarias. ¿Tiene fundamento esta expectativa?

Hay que llevar adelante el diálogo con los musulmanes sobre estos puntos, pero teniendo en cuenta de dos aspectos. El primero es que en relación con estos mismos temas, el islam piensa de modo distinto al catolicismo. Esto sucede, por ejemplo, en la relación entre hombre y mujer en la vida familiar. El segundo, hay que tener presente que los motivos de fondo son distintos. Una cosa es comprometerse contra el aborto porque es un mal tanto a los ojos de la razón natural como a los ojos de la revelación; la otra es comprometerse porque así lo ha decretado Dios con un acto de voluntad.

Los Informes anuales del Observatorio cumplen diez años, una meta significativa. ¿Cuál es su balance?

Empezamos hace diez años con el primer Informe, que tenía como tema la crisis financiera. Y hemos seguido hablando de los problemas principales que surgían a la luz de la Doctrina social de la Iglesia. Hemos sido fieles al compromiso de mostrar la fecundidad de esta y la capacidad de la fe católica de hacer cultura, cultura católica. Por consiguiente, estamos contentos de haber llevado a cabo el fin para el que nació nuestro Observatorio.

Giuseppe Tires

EL ISLAM POLÍTICO Y LA NUEVA TAREA

DE LA DOCTRINA SOCIAL DE LA IGLESIA

Presentación del X Informe sobre la Doctrina Social de la Iglesia en el mundo

Cantagalli, Siena 2018

Los temas centrales de los últimos tres Informes anuales de nuestro Observatorio están estrechamente unidos entre sí, y analizan problemas sociales y políticos del mundo actual que están fuertemente relacionados entre sí. El VIII Informe (2016) estaba dedicado al fenómeno de las migraciones y las inmigraciones, sobre todo en el continente europeo, y tenía como título: El caos de las migraciones, las migraciones en el caos. Sobre este tema candente el Informe tuvo el valor de pronunciarse inspirándose en el “realismo cristiano” de la Doctrina social de la Iglesia más que en un espíritu de acogida genérico y vacío. Uno de los aspectos más importantes del fenómeno migratorio es la amenaza que representa para Europa y, sobre todo, para su tradición cristiana. Al mismo tiempo, las inmigraciones ponen en evidencia la gran fragilidad del proceso de unificación continental y el cansancio de su inspiración ideal. He aquí por qué el siguiente Informe, el IX, de 2017, fue dedicado precisamente a Europa con el título: Europa, el final de las ilusiones. También en este caso puedo decir que las valoraciones del Informe expresaron su originalidad, juzgando severamente, sin retórica o sentimentalismos, la actual fase de impasse y la implosión del proyecto europeista. Era necesario, por lo tanto, dar el tercer paso en coherencia con los dos precedentes y afrontar el punto principal en la agenda europea del momento, que es la presencia de un islam político cada vez más activo.

A este respecto, hacer un llamamiento al principio de la libertad religiosa es insuficiente, porque de esta manera no se afronta el problema de las verdades de las religiones y las características, sumamente particulares, de la religión islámica. Por otra parte, los países europeos y las instituciones comunitarias tienen la intención de contraponer al islam político sólo el principio de tolerancia, sin tener en cuenta que se trata de una religión que, sobre este punto, no puede ofrecer una correspondencia debido, precisamente, a motivos relacionados con su naturaleza teológica. Se asiste, por lo tanto, a un acomodarse continuamente a las exigencias del islam político, a una acogida ingenua de sus peticiones sin pedir nada a cambio, a una inclusión de aspectos del derecho islámico en el derecho de los Estados europeos, a una esperanza problemática en la posible existencia de un futuro “islam europeo”, fruto maduro de un deseado “islam moderado”, sin considerar que un cierto fundamentalismo es inseparable del islam dada su concepción de revelación y de creación.

La Iglesia católica europea no afronta el problema si no es desde el punto de vista del diálogo interreligioso, y se olvida de pedir a los Estados europeos y a las instituciones comunitarias la defensa de las raíces cristianas del continente. Por otra parte, la Iglesia no sabe bien cómo se puede reconciliar esta petición con el derecho a la libertad religiosa que ella misma proclamó después del Vaticano II. Entonces, lo que hace es impulsar la acogida y la integración de los musulmanes, a menudo sin conocer bien su religión y sus exigencias intrínsecas en lo que concierne a la sociedad y la política; y la política europea se adecua a las dinámicas de islamización pensando que las dominará gobernándolas e, incluso, imponiéndolas a los Estados recalcitrantes cuyo objetivo es defender la propia identidad.

El tema de este X Informe -el islam político-, es analizado, como en los anteriores, desde el punto de vista de la Doctrina social de la Iglesia. Sin embargo, en este caso, a diferencia de los precedentes, esto representa una novedad. Creo poder afirmar que hasta ahora la Iglesia no ha examinado nunca el problema del islam como un problema que atañe también a su Doctrina social y al que hay que aplicar los principios del magisterio social. El islam es considerado, como he escrito antes, un tema de diálogo interreligioso, o que hay que estudiar desde el punto de vista de la historia de las religiones o de la teología de las religiones. No parece que nadie lo haya analizado nunca en su compatibilidad o incompatibilidad con los principios de la Doctrina social de la Iglesia, es decir, con los fundamentos de una sociedad sana, construida a medida del hombre y de Dios. Por esto, no tengo miedo en afirmar que este Informe abre una pista nueva y pone las bases de un trabajo futuro, considerable y exigente.

Además, lo que hace necesario y obligatorio este nuevo camino de la Doctrina social de la Iglesia son los propios resultados de los dos Informes precedentes mencionados antes. El islam político, de hecho, está muy presente en Europa, no sólo a través de muchos fenómenos trágicos de terrorismo, sino también con el nacimiento de partidos políticos que se presentan en muchos países europeos a las elecciones administrativas y parlamentarias. A esto hay que añadir las presiones ejercidas para que se acepten algunas manifestaciones típicas de la cultura, la moral y las costumbres islámicas, para que elementos del derecho islámico (fiqh) y de la ley islámica (sharia) sean asumidos dentro de nuestros ordenamientos jurídicos. No hay que olvidar la financiación para la construcción de mezquitas, sin ninguna forma de compensación en los países islámicos para los cristianos, como también la propaganda de intelectuales islámicos cuyo ejemplo principal sigue siendo, a día de hoy, Tariq Ramadan. En otras palabras, el islam político no sólo está sobre el papel, sino que es una realidad política muy presente a nuestro alrededor. La Doctrina social de la Iglesia no puede demorar más abordar este tema.

Los aspectos sociales y políticos del islam le pertenecen por motivos netamente religiosos. Son, por lo tanto, fundamentales para esta religión y no hay que pensar que son apéndices secundarios o residuales. El centro es ciertamente teológico y se centra en la visión de Dios como totalmente otro, y de ello derivan, en estrecha coherencia, consecuencias en la visión de la sociedad y de la política. Por consiguiente, es imposible pensar que estamos lidiando con el islam sólo como religión y no como civilización. El derecho islámico; las numerosas reglas sociales y políticas del Corán que hay que aplicar literalmente; la imposibilidad de una laicidad en el sistema islámico; la unidad, exclusividad y superioridad de la Umma, la comunidad islámica constituida por los “sometidos” a la voluntad de Alá transmitida por el Corán y el Profeta, le dan al islam una clara configuración política a cuya valoración la Doctrina social de la Iglesia no puede sustraerse. Como también puede hacerlo, a otro nivel, la razón política, europea y no sólo.

Muchos católicos piensan que los musulmanes pueden serles de ayuda en el campo de la defensa de la vida y la promoción de la familia, en contra del relativismo del pensamiento dominante en Europa, de origen ilustrado y que ahora tiende al nihilismo total. Se dice, por ejemplo, que los musulmanes son contrarios al aborto y a la homosexualidad, igual que los cristianos, y que podrían contribuir a la causa de quién en Europa se enfrenta a estas cosas. Al pensar así, nos olvidamos de que en el contexto islámico es muy problemático, si no imposible, hablar de derecho natural y de moral natural, mientras que en ámbito católico estos son los fundamentos del compromiso en defensa de los principios morales mencionados antes. Esto es así porque la creación de Dios, según el islam, no sucede según una verdad, sino según una voluntad. Por lo tanto, no expresa un orden ontológico, sino un positivismo islámico. Además, el islam tiene una visión muy distinta de la familia y de la mujer respecto a la que tiene la Doctrina social de la Iglesia, por lo que, en apariencia, se puede considerar que se combaten justas batallas comunes, pero si se profundiza surgen las grandes diferencias que atañen precisamente a la política, aunque tengan origen en la teología.

Los términos de la comparación en este Informe son tres: el islam, la Doctrina social de la Iglesia y la ideología del progresismo occidental. Es necesario aclarar estos tres ámbitos, y esta es una de las finalidades de este Informe. A menudo el islam equipara el cristianismo a Occidente; está documentado que hoy, los musulmanes, asocian el cristianesimo al neopaganismo occidental. Este desprecio puede tener motivaciones históricas, pero teologicamente deriva de la subdivisión islámica de la humanidad en musulmanes y no musulmanes que, además de los cristianos, incluyen también a los judíos y, aún más, a los paganos. Si los islámicos se contraponen al cristianismo es porque lo consideran occidental; Occidente a menudo abre las puertas indiscriminadamente al islam porque quiere arrinconar al cristianismo, digamos que lo hace en función anticristiana. La celebración de la indiscutida positividad de la sociedad multirreligiosa, puesta en marcha y desarrollada por la neoilustración radical occidental, tiene como fin obstaculizar la religión católica en Europa. Por este motivo quién quiera utilizar la Doctrina social de la Iglesia para valorar el islam político, lo tiene que hacer sin confundirse con las motivaciones de la ideología occidentalista. Es un planteamiento muy importante que hemos querido dar a este Informe.

Si se examinan algunos temas de gran importancia política, como por ejemplo el concepto de laicidad, de derechos humanos o de democracia, se observa que entre la visión del islam y la visión de la Doctrina social de la Iglesia hay muchas diferencias; pero también las hay entre esta y la visión política del modernismo neoilustrado de Occidente. Hay que prestar entonces mucha atención cuando se someten a la crítica ciertas convicciones islámicas, de manera que no parezca que con ello se quiere valorizar las convicciones occidentales en cuanto tales. A menudo, en cambio, se critican los límites de la visión islámica de la laicidad, de los derechos humanos y de la democracia…, pero argumentando a favor de las concepciones que tiene la política occidental sobre estos temas que, en cambio, a menudo chocan con los principios de la Doctrina social de la Iglesia, que tiene, en otras palabras, dos frentes sobre los que detallar las cosas: el de la religión islámica y el del nihilismo político occidental. Si, por otra parte, como confirmación de esto, consideramos las cosas desde otro punto de vista, observamos que el progresismo teológico católico que construye puentes en el diálogo con el islam también sobre los temas mencionados antes de la laicidad, los derechos humanos y la democracia, también lo hace con la ideología política de la Europa posreligiosa. La intención es construir una visión política sincretista en la que los principios de la Doctrina social de la Iglesia pierdan su significado.

Para poder considerar con objetividad el islam político, la Doctrina social de la Iglesia debe abandonar las concesiones que ha hecho a la filosofía política neoilustrada de Occidente y, para poder considerarla con objetividad, debe abandonar una consideración superficial e ingenua del islam político. Este Informe pretende desarrollar este triángulo de argumentaciones.

S.E. Mons. Giampaolo Crepaldi

Presidente del Observatorio Cardenal Van Thuân sobre la Doctrinal Social de la Iglesia, Arzobispo-obispo de Trieste, Presidente de la Comisión Caritas in veritate del CCEE, Consejo de las Conferencias Episcopales de Europa.

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