C. Solano, decontruir lo humano, pensar-nos

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Hospitalidad y fraternidad “desde”, “para”, “con”  y  “por” el otro. Deconstruir lo humano como apertura/”en salida”hacia la alteridad.

Carlos Solano

    En 1996 Jacques Derrida, filósofo francés da una conferencia en la Universidad de La Sorbona de Paris en homenaje a su amigo fallecido Emmanuel Levinas. El título de su ponencia fue “Palabras de acogida” , que en dicha alocución el término “acogida”, es de similar significación con “hospitalidad”, usado por Levinas. Pero, antes de continuar presentamos una breve referencia biográfica del filosofo lituano. 

    Levinas es un filósofo Lituano, nacido en el seno de una familia judía en 1906 y muere en 1995), siendo joven estudia en Friburgo en donde estudia a Husserl y por su intermedio accede al conocimiento de la filosofía de Heidegger. En plena segunda guerra mundial, en 1940, es deportado a un campo de concentración cerca de Hannover, mientras que su mujer y su hija eran salvadas por los monjes del monasterio de San Vicente de Paul, de ahí su cercanía afectiva con el cristianismo. Posterior a largos años de vivir en cautiverio y terminada la guerra se traslada a Francia en donde desarrolla su vida intelectual y académica, principalmente en la Sorbona de Paris. 

    De una manera u otra la filosofía de Levinas es una puerta abierta para la búsqueda de soluciones a los problemas que existen en una sociedad multicultural como la actual. Es por ello, que la importancia de su filosofía ética constituye un gran aporte desde la Filosofía práctica. 

    En la obra “Totalidad e infinito”, Levinas, proponer pensar la apertura al otro a partir de la hospitalidad o de la acogida, y no a la inversa. Es por ello que “Totalidad e infinito” es un gran tratado de hospitalidad, aunque en dicha obra el uso del término no sea muy frecuente. Pero, aun así, en la conclusión del libro se puede visualizar que la Hospitalidad es aquello que se abre hacia el rostro, lo que lo acoge: el rostro se entrega a una acogida y la acogida acoge a un rostro. Pero el rostro no se puede tematizar, es decir no se puede reducir a un concepto, a una definición; esto quiere decir que el rostro va más allá de la tematización y eso es lo trascendente, por lo cual la idea de rostro tiene en común con hospitalidad el ir más allá de lo irreductible del concepto. 

    La palabra “hospitalidad” se traduce en Levinas como apertura al otro, como atención a la palabra del otro. Así mismo, se puede decir que se trata de una tensión hacia el otro, intensión atenta, atención intencional, es decir se trata de un sí dado al otro. 

    La hospitalidad no queda reducida a una región de la ética, ni aun problema del derecho o de la política; es la eticidad misma, el todo y el principio de la ética. Es por ello que para la superación de toda relación asimétrica entre el Yo y el Otro, es necesario asumir dicha relación desde la responsabilidad desde, para y con el otro.

    En la obra de Levinas, Ética e infinito, el autor nos manifiesta el sentido de responsabilidad moral para con el otro:

La relación intersubjetiva es una relación asimétrica. En ese sentido, yo soy responsable del otro sin esperar la recíproca, (…). La recíproca es asunto «suyo». Precisamente, en la medida en que entre el otro y yo la relación no es recíproca, yo soy sujeción al otro; y soy «sujeto» esencialmente en este sentido. Soy yo quien soporta todo. [Al estilo de la frase de] Dostoievski: «Todos nosotros somos culpables de todo y de todos ante todos, y yo más que los otros». No a causa de esta o de aquella culpabilidad efectivamente mía, (…) sino porque soy responsable de/ con una responsabilidad total, que responde de todos los otros y de todo en los otros, incluida su responsabilidad. El yo tiene siempre una responsabilidad «de más» que los otros

    Si la hospitalidad es apertura al Otro, Levinas nos explica en lo que consiste esa apertura desde una concepción ética:

La apertura es lo descarnado de la piel expuesta a la herida y al ultraje. La apertura es la vulnerabilidad de una piel ofrecida (…) más allá de todo lo que, de la esencia del ser, puede exponerse a la comprensión (…). Subjetividad del sujeto, pasividad radical del hombre (…) Pasividad más pasiva que toda pasividad (…). El Yo, de pie a cabeza, hasta la médula de los huesos, es vulnerabilidad (…) [Pero] En la vulnerabilidad se aloja una relación con el otro que la causalidad no agota (…). La vulnerabilidad es la obsesión por el otro (…). Desde la sensibilidad el sujeto es para el otro: sustitución, responsabilidad, expiación. Pero responsabilidad que no he asumido en ningún momento, en ningún presente. Nada es más pasivo que este enjuiciamiento anterior a mi libertad

    Es por ello, que hablar de Hospitalidad en una sociedad multicultural es tener en cuenta la capacidad de apertura de todo ser humano hacia el Otro. Esa capacidad es la que configura un nuevo Humanismo en clave de Hospitalidad y Fraternidad.

    Referirnos al humanismo es hacer referencia a la concepción de lo humano que para sostener un promover un nuevo humanismo en clave de hospitalidad y fraternidad.     Ciertamente un enfoque ético de dicha temática implica hacer la opción por una corriente de pensamiento acerca de un nuevo humanismo solo es posible desde lo ético, es decir la interpelación del Yo desde la existencia del Otro, la sola presencia del otro hace posible que sostengamos que, por ejemplo los derechos humanos puedan ser considerados valores para la convivencia social  para una sociedad tan subjetivamente diversa, plural y multicultural.

    Es por ello, que un nuevo humanismo ha de contribuir a la deconstrucción de lo humano para establecer un nuevo pacto moral para la convivencia humana. 

    Si bien sabemos que la antropología, en su acepciónuniversal, es el estudio de lo humano, dentro de la amplitud de aspectos a estudiar de lo humano, existe un interés de conocimiento por su naturaleza y existencia. En este caso es lo que se denomina Antropología filosófica. 

Aportes antropológicos de Levinas

    La antropología filosófica  nos introduce en la pregunta redundante sobre qué es lo humano, nos pone en actitud de duda sobre la búsqueda de una respuesta al interrogante sobre la diferencia cualitativa entre lo humano y lo no humano (para hacer referencia a los demás seres vivos de la naturaleza) de modo situado históricamente y socialmente.     Todo este planteamiento filosófico tiene una finalidad y consiste en poder tener claridad en fundamentos que puedan orientar, guiar nuestras acciones en cuanto a lo moral, lo político, lo social y económico.

    Para comprender el fundamento antropológico y ético (tema que será desarrollado en el eje problemático III)  desde la perspectiva de “Alteridad”, he optado por una postura antropológica dentro de la Filosofía denominada Personalismo y dentro de la corriente personalista a una escuela personalista en particular en la cual se encuentra el filósofo lituano, nacionalizado francés, Emmanuel Levinas.

    El pensamiento filosófico de Levinas pone de manifiesto la crisis el ego cartesiano (“pienso, luego existo”), es decir, de la supremacía del Individualismo, del Yo, como fundamento de todo pensar,  fundamento de la realidad y de toda moralidad. 

    Se propone la presencia del otro, es decir, aceptar que a mi lado se encuentra el Otro (el próximo), gracias al cual soy quien soy. 

    El verdadero existir es situarse ante la otra persona, ante su vulnerabilidad, con la propia obsesión/abnegación/pasión hacia ella, dando prioridad a la segunda persona; no yo-y-tu, como en Martin Buber (otro personalista y contemporáneo de Levinas), sino yo-para-ti (alteridad).Con esta idea, Levinas, subrayaba la idea de alteridad, rechazando la reducción del otro al Yo. 

    Desde lo anteriormente afirmado, Levinas entiende que pensar al hombre debe hacerse “a partir de la condición o de la incondiciòn de rehén de todos los otros que, precisamente otros, no pertenecen al mismo género que yo, porque soy responsable de ellos sin respaldarme en sus responsabilidades soy yo, al fin de cuentas responsable”. El otro no es igual a mí, es otro, por lo cual su sola presencia me interpela. Por eso es que debemos preocuparnos por el otro y no verlo como alguien enfrentado ya que, a fin y al cabo, hay yo porque hay responsabilidad, pues el yo es el resultado de que alguien nos haya cuidado. Solo en el hacia ti descubre el yo lo que el yo vale.  Es así, se entiende el carácter relacional de la antropología levinasiana, una relación de alteridad en la que el Yo (ego) tiene una actitud de apertura, de existencia abierta hacia el otro (tu). El yo egoísta dice “ego sum” (yo soy) que se traduce en la siguiente expresión “mi derecho”, “yo tengo derecho”; pero el yo ético, el yo abierto al otro (propuesta de Levinas) dice “amo te”, pues lo que lo define no es el yo, sino su descentralización hacia el “te” (tu-otro). Es por ello que a la pregunta antropológica sobre la cualidad constitutiva de lo humano en esta sociedad contemporánea debe ser el carácter de responsabilidad con el otro. 

    La subjetividad del sujeto (de lo humano como tal) no consiste en reposar en sí mismo (ecología occidental), si no en de-ponerse (salir) de sí mismo y en tener cuidado del otro (a mi criterio es la dimensión de hospitalidad y fraternidad que debemos tener como sociedad).

“Nadie puede quedarse en sí mismo, pues la humanidad del hombre, la subjetividad, es una responsabilidad por los otros, una vulnerabilidad extrema. El hombre está formado por responsabilidades. Por ellas desgarra la esencia. Extranjero para sí, obsesionando por los otros, in-quieto, el yo es rehén, rehén en la recurrencia misma de un yo que no cesa de fallarse a sí mismo”.

    Es así que Levinas propuso un humanismo desde otro hombre, del hombre que se responsabiliza y responde totalmente por el otro. Desde el momento en que el otro me mira, yo soy responsable de él sin ni siquiera tener que tomar responsabilidades en relación con él; su responsabilidad me incumbe. Es una responsabilidad que va más allá de lo que  yo hago. Con Levinas pasamos de un Yo cerrado (ego cartesiano) a un Yo abierto, hacia el otro.

Mi responsabilidad es intransferible, nadie podría reemplazarme. De hecho, se trata de decir la identidad misma del yo humano a partir de la responsabilidad, es decir, a partir de esa posición o de esa deposición de ese yo soberano enla conciencia de sí, deposición que, precisamente, es su responsabilidad para con el otro. La responsabilidad es o que, de manera exclusiva, me incumbe, y que humanamente no puedo rechazar. Esa carga es una suprema dignidad del único Yo no intercambiable, soy yo en la sola medida en que soy responsable. Yo puedo sustituir a todos, pero nadie puede sustituirme a  mí. Tal es mi identidad inalienable de sujeto. En este sentido preciso es en el que Dostoievski dice: “Todos somos responsables de todo y de todos, y yo más que todos los otros

    El pensamiento antropológico de Levinas es un intento por comprender que nuestra humanidad, es decir la naturaleza humana, es dar prioridad al otro, es decir que hay que estar atento a su necesidad, a su vida, y al situarlo en primer lugar estamos obligados a responder éticamente. Es la responsabilidad para con el otro lo que hace posible la humanidad del ser humano. Pero la responsabilidad por el otro, aunestá lejos de ser una realidad irrevocable en nuestro mundo.

    En nuestro mundo contemporáneo de carácter globalizado, en donde parece haber desaparecido las barreras entre los países y las personas por el avance tecnocientifico, se levanta con cada vez más intensidad un muro de indiferencia por aquellos más desfavorecidos. Parece consolidarse una mentalidad hiperindividualista de claro consumismo egoísta, en donde existe la conciencia egoísta del autoèxito y la autorrealización (si me conviene lo hago), con total ausencia del otro; ya que el otro se me presenta como un extraño, un peligro, alguien de quien no puedo fiarme para mis intereses. 

    Recurrimos al pensamiento de Levinas porque en su postura podemos ver dos concepciones antropológicas bien explicitas y en contraposición: una de ellas es la concepción ecológica, que interpreta al ser humano como individuo-soberano, solitario, orientado por la voluntad de poder; la segunda concepción es la de la primacía del otro como criterio fundamental para constituirse como ser humano, ya que el otro es quien hace posible la capacidad de apertura del hombre.

Pero, ¿quién es el Otro?

    Hasta no hace mucho tiempo el otro no era pensado como algo distinto del  Yo, un “alter ego”, porque lo común en ambos era la capacidad de pensar/razonar como criterio cualitativo para decir la naturaleza de lo humano, pero nos hemos dado cuenta que no somos homogéneos, sino más bien diferentes, de allí que la alteridad e irreductible a la Mismidad del individualismo. Es por ello, que la alteridad comienza a ser visibilizado cuando en la antropología se produce un giro fundamental, centrado en la existencia del otro, como diferente de mí. Es por ello que a la pregunta por el otro es significativa las palabras del Miguel de Unamuno quien afirma lo siguiente: “Ni lo humano ni la humanidad, ni el sustantivo, sino el sustantivo concreto: el hombre. El hombre de carne y hueso, el que nace, sufre y muere (…) piensa y quiere, el hombre que se ve y  a quien se oye”.

    En la actualidad existe una preocupación por el ser humano concreto y en particular en su relación con el otro, ya que lo que nos debiera ocupar es en decidir en tratar a los otros como medio para mis propios fines o más bien en relacionarme con los otros con la conciencia clara de que cada otro es una realidad dignísimamente absoluta.  Por ello, el otro no es otro con la alteridad relativa. 

    El otro representa la presencia de un ser que no entra en la esfera del Mismo, su presencia desborda al Yo. Es decir, el otro responde a aquello que no soy yo, a aquello que es anterior a mí y gracias a lo cual yo soy quien soy. La relación con el otro es una relación de cercanía, una relación ética que consiste en que el otro me importa, me afecta, no puedo guardar distancia con el otro. Ante la exigencia del otro de que me encargue de él, yo no puedo escaparme. El sujeto está llamado a responder del otro, hasta de su propia responsabilidad. Mi yo queda sustituido por el otro, por lo que el otro se impone como límite de mi propia libertad.

    Levinas identifica al otro con el huérfano, el extranjero y la viuda, con las cuales estoy obligado. Pensemos que también podemos dar otras configuraciones al otro que me interpela: el adicto, el violento, la mujer golpeada, niños maltratados, el trabajo infantil, la explotación sexual de los menores, etc. Ante la presencia del otro solo me queda acogerlo y responsabilizarme de sus necesidades. Según el filósofo Levinas, la ética se va a basar en la relación que cada uno de nosotros entable con la alteridad. Por lo cual no puedo despreocuparme del otro.

    Como bien ya lo hemos presentado, en la antropología levinasiana, el otro se resiste a ser objeto del “Yo pienso”, a quedar sometido a su poder, ya que el Yo establece una relación simétrica, es decir de desigualdad respecto del otro. Siendo consecuente con su pensamiento, Levinas, insiste en que ante cualquier intento de que el otro pueda ser reducido a la razón hegemónica o reducido a una imagen-idea, el “rostro” del otro excede a cualquier descripción o reducción posible.

El otro tiene “rostro”. Para nuestro filosofo el rostro del otro no es objeto de un pensamiento por el cual el otro es un dato, en el sentido de que es un objeto capturable de una verdad que se concibe como si fuera una simple adecuación. 

    El rostro no se puede definir, ya que si se lo define quedaría reducido al Yo, a la Mismidad. Por lo que el rostro, en Levinas, no se puede comprender, contener ni reconocerse, es una experiencia de interpelación ética. El otro se impone con su alteridad, me mira y me mira una vez más alejándose de la idea que tengo de él en la mente, dice Levinas: “nosotros llamamos rostro al modo en el cual se presenta el otro, que supera la idea del otro en mi”. 

    Con la expresión “rostro del otro”, en Levinas, hace referencia a lo que identifica como propio del otro, es decir aquella realidad existencial que acontece como alteridad (la viuda, el huérfano,  los drogadictos, los violentos, etc), en su expresión más desnuda.

    El “rostro del otro” es la parte más desnuda del ser humano, carente de protección, vulnerable a la violencia, y es allí donde emerge el mandato ético ¡NO mataras!. Lo que en el fondo hace Levinas es utilizar el “rostro del otro” para plantear una ética basada en la aprehensión de la precariedad de la vida, que comienza con la vida precaria del otro. 

    Es por ello que en la relación cara-a-cara con el otro se produce esa comunicación que se produce, no mediante la imagen del “rostro del otro”, sino por la actitud de escucha. Lo que dice, me dice con su existencia (rostro), es lo que interpela éticamente al yo y lo pone en actitud de responder de modo responsable ante la realidad del otro.

Referencias bibliográficas

Levinas, E. (1991) Ética e infinito. Ed. Visor, Madrid.

Levinas, E. (1974) Humanismo del otro hombre. Ed. Siglo XXI, México

Levinas, E. (1982) Totalidad e Infinito. Ensayo sobre la exterioridad; 2ª edición. Sígueme. Salamanca.

Levinas, E. (2011) De otro modo que ser o mas allá de la esencia; 5ªediciòn. Sígueme. Salamanca.

Poirè, F. y Levinas, E. (2009) Ensayos y conversaciones. Arena libros. Madrid

Levinas, E. (2014) Alteridad  y trascendencia. Arena Libros. Madrid

Casper, B. (2008) Pensar de cara a otro. Elementos del pensamiento de Emmanuel Levinas. EDUCC. Córdoba

Derrida, J. (1998) Adios a Levinas. Palabras de acogida. Editorial Minima Trotta. Madrid

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