Armando J. Levoratti, Biblista

Mons. Armando Levoratti, nació en La Plata el 31 de enero de 1933,

 

en 1946 ingresó al Seminario Mayor San José de La Plata, donde cursó los estudios de Filosofía; allí se vinculó con otro grande del trabajo bíblico Mons. Juan Straubinger, que hacia el 1950 publicó la primera traducción latinoamericana de toda la Biblia.

 

En 1953 fue enviado a estudiar la teología en Roma, en la Universidad Gregoriana, donde recibió el impulso de quienes serían grandes y famosos maestros que contribuirían a renovar la teología en muchos seminarios del mundo: Alzeghy, Flick, Alfaro; especialmente con el teólogo canadiense Bernard Lonergan, de quien rescata el impulso sistemático, metódico y el diálogo inteligente entre la Iglesia y el mundo.

 

Luego ingresó en el Pontificio Instituto Bíblico, estudiando especialmente lenguas orientales: hebreo, arameo, sumerio, acádico y ugarítico. Que profundizó a su regreso en Argentina y en cursos en Estados Unidos, especialmente en el Instituto Oriental de la Universidad de Chicago, en contacto con los especialistas mas destacados en asiriología.

 

Desde 1960 enseña Sagradas Escrituras en el Seminario de La Plata, desde su experiencia nos dice:” la enseñanza de la Biblia en los seminarios tenía una orientación mas bien apologética. Se presentaba a la Biblia como un libro “difícil”, que no podía ponerse en manos de “cualquiera”. En vez de aconsejar la lectura de la Biblia, se recomendaba leer los hagiógrafos y autores espirituales. En la catequesis y en las clases de religión se sustituía la Escritura con la “historia sagrada”. Los textos bíblicos más citados se tomaban fragmentariamente en los libros litúrgicos leídos en latín, y si alguien leía demasiado la Biblia se hacía sospechoso de ser proclive al protestantismo”.

 

Con la llegada del Concilio, todo comenzó a cambiar, se  propuso la lectura de la liturgia en lengua vernácula, por lo tanto era necesario disponer de traducciones de la Biblia adecuadas, especialmente en castellano donde se utilizaba un texto arcaizante. Además eran años de gran efervescencia teológica, catequística, litúrgica y pastoral y la Biblia ocupaba cada vez más un lugar de privilegio en todas esas áreas; es ahí que aparece su traducción, en 1968, del Nuevo Testamento (El Libro de la Nueva Alianza). Luego emprendió la tarea de traducir toda la Biblia, lo que duró hasta el año 1981, con la invalorable colaboración de P. Alfedo Trusso. Es decir un trabajo de casi 20 años.

 

Después del Concilio, especialmente en nuestra Patria el poder dictatorial generó una cultura paranoica, que tuvo un punto dramático con el tema Malvinas; por eso Mons. Levoratti nos cuenta que: “pensé que la Iglesia tiene sobrados recursos para contribuir a la pacificación, pero que esos recursos no siempre son bien usados. Por ello, con la apertura de la era democrática sentí el impulso a escribir dos folletos: La Biblia para los políticos y gobernantes, y La Biblia para el ciudadano; muchos de los que acceden al poder juran con las manos puestas en la Biblia, pero no tienen en cuenta las enseñanzas del Libro; años después volví sobre el tema con la Lectura política de la Biblia”.

 

En el año 1983 y hasta el año 1998 asumió la dirección de la Revista Bíblica, que había fundado Mons. Juan Straubinger en 1939. Allí escribió numerosos artículos y una cantidad considerable de recensiones de libros. Muchos de esos artículos mas tarde aparecieron en forma de libro: Hermenéutica y Teología, El Trabajo a la luz de la Biblia, El Tiempo de Dios.

 

Otro momento importante en su  vida fue el compromiso con la difusión de la Biblia en la colaboración con la Fundación Palabra de Vida, con quienes en momentos aún económicamente difíciles en Argentina se pudo distribuir más de un millón de ejemplares de El Libro del Pueblo de Dios y varios millones de El Libro de la Nueva Alianza

 

En 1986 fue designado Consultor honorario de las Sociedades Bíblicas Unidas y se incorporó al equipo

 

encargado de preparar la Biblia de Estudio.

 

Por aquella época fue incorporado a la Pontificia Comisión Bíblica, designación que Mons. Describe así: “la noticia me tomó de sorpresa, porque nunca había hecho nada para obtener esa designación, ni sabía a ciencia cierta cómo estaba constituida o cómo funcionaba dicha Comisión. Tampoco había tenido hasta entonces trato personal con ninguno de sus miembros” Esta comisión está formada por 19 miembros de todo el mundo y un secretario, su presidente es el Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe; allí colaboró con la redacción de un Documento de enorme importancia para los estudios bíblicos, y para el Ecumenismo La Interpretación de la Biblia en la Iglesia.

 

En 1994 el Dr. William Farmer, lo invita a participar del proyecto bajo el patrocinio de la Universidad de Dallas, un Cometario Bíblico Internacional, ecuménico, reuniendo especialistas de 5 continentes y pertenecientes a distintas confesiones cristianas (católicos, protestantes, ortodoxos), trabajo que duró casi 7 años.

 

Mons. Levoratti además es miembro de la comisión Fe y Cultura de la Conferencia Episcopal Argentina. Dictó conferencias en España, Italia, Estados Unidos, en casi todos los países de América Latina. Participó en numerosos talleres de ciencias bíblicas organizados por las Sociedad Bíblicas Unidas, especialmente en Cuba.

 

Últimamente ha publicado el Comentario Bíblico Latinoamericano, obra de la cual es director y ha trabajado

 

en colaboración con mas de 60 especialistas en Biblia, consta de 3 volúmenes nutridos y expresan la

 

perspectiva de los últimos avances en la investigación bíblica, trabajo que le llevó, también muchos años.

 

 

Hoy se encuentra trabajando, para la Editorial Verbo Divino en España, en la revisión de la traducción y

 

notas de la Biblia el Pueblo de Dios con el objetivo de realizar una nueva edición.

 

 

Dice Levoratti: ”¿Qué sentido tiene dedicar tanto tiempo y esfuerzo a la difusión de la Biblia?”

 

En el contexto de los parámetros del “mundo de sentido simbólico”, que organiza la vida de la sociedad, muy raras veces y solo parcialmente ha sido configurado por el mensaje del evangelio. De ahí la necesidad de hacer que la Biblia salga del regazo de los grupos eclesiales, de los seminarios y los círculos académicos, de las celebraciones litúrgicas y las homilías dominicales, para que entre en la vida individual y colecta y se realice, de hecho, política y socialmente”.

 

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